Homosexualidad, LibrosMay 18, 2008 10:50 am

Desde Borinquen la bella las palabras se alzan contra la irracionalidad de aquellos que quieren dictar lo que es moral, de los que quieren separar lo decente de lo indecente y enseñarnos el camino hacia la virtud.

California es un ejemplo. No a la 99. 

Homosexualidad, LibrosAugust 5, 2007 8:54 am

Individualista y celoso de mi libertad siempre he sido reticente y celoso de aquellos que se apresuran a etiquetarte y distribuir a las personas en grupos o colectivos. La tendencia de los propios homosexuales a veces parece trabajar en esta dirección creando guetos apartados que en lugar de mostrar la homosexualidad con naturalidad y perfectamente capaz de expresarse por canales comunes busca la exclusión y la diferenciación. Otras veces son los en-teoría-amigos-de-los-homosexuales los que jalean y aplauden esta identificación colectiva que en tiempos del III Reich marcaba la cruz de David y hoy quieren que la marque una bandera multicolor. Y de ahí al gueto, a la diferencia, a la exclusión y a las cuotas. Todo en lugar de actuar como si la homosexualidad no fuese nada más que una orientación sexual y no implica una sensibilidad, ideología, saber hacer o estilo propio.

 

Es por eso por lo que desde hace mucho al ver una película de temática gay o leer un libro que trata la homosexualidad saco las lentes más críticas y examino la película o libro con más rigor que si tratase de cualquier otro tema. No vaya a ser que caiga en lo que aborrezco, que simplemente por el hecho de ser algo sobre gays o hecho por gays me vaya a gustar. Cinematográficamente me he llevado agradables sorpresas como Brokeback Mountain y chascos como Yossi & Jagger (todavía busco explicación para las buenas críticas y tanto premio, me pareció una basura que cuenta una historia mal narrada peor interpretada, sin interés y cutremente rodada). El viernes descubría en el ABC que la Mostra de Venecia ha creado el León Queer para premiar a las películas gays…

Y en cuanto a los libros, que verdaderamente son una de mis pasiones, nunca he tenido un especial interés por libros que traten la homosexualidad pero si que cuento con algunos de ellos en mi biblioteca. Alguno realmente imprescindible como Antes que anocheza sobre el que ya escribí algo, el Retrato de Dorian Gray, las Horas etc. Últimamente he leído una biografía escrita con rigor y que, encima, entretiene al lector (lo uno no está reñido con lo otro, entiendo que entretener al lector es la obligación primera del escritor) sobre Manuel Azaña, personaje apasionante donde los haya, en la que se trata sin ambages su más que posible homosexualidad. Ahora estoy leyendo un libro robado y cuyos personajes principales tienen tanto que ver con este blog, Memorias de Adriano. Aunque quizás los personajes principales no sean Adriano y Antinoo sino la Historia, la razón y los sentimientos.

 

Y todo este post lo escribo a raíz de un libro prestado que trata sobre un viaje en tren que se convierte en un viaje al interior del corazón y los recuerdos; y los miedos. Uno de esos viajes interiores que todos hemos emprendido cuyo final nunca acertamos a ver. Cegados por quienes nos rodean, el que dirán, la sociedad, la tradición o nuestros propios miedos. Nuestros miedos suelen ser nuestros peores enemigos. Pensar que los creamos nosotros y lo fácil que resulta vencerlos. En la vida hay que ser intrépidos, arriesgar y no desaprovechar las oportunidades. Con todo, por desgracia, el Viaje de Marcos podría ser un libro mucho más arriesgado en la prosa y retorcer la gramática en lugar de limitarse a describir con corrección poco estilosa paisajes y sentimientos. Tampoco ayudó mucho a su lectura que mi cabecita imaginase el desenlace, ¿premonición o historia previsible? A los lectores veraniegos les animo a contestar a estas preguntas por sí mismos y descubrirlas. Y es que aunque sea cosa la literatura gay muchos de estos libros valen la pena.

LibrosApril 23, 2007 1:19 pm
Hoy es el día del libro y en Madrid, además, la noche de los libros. Quiero aprovechar para recomendar la lectura que inspiro el relato que precede a este post. Se trata de una novela amorosa de Mario Vargas Llosa titulada "Travesuras de la niña mala". Sirva el relato para incitar a leer el libro y quien quiera una muestra la editorial que lo edita pone a nuestra disposición sus primeras páginas. El relato se hilvana y crece página tras página hasta llegar a crear una relación tan irresistible que nos impide dejar de leer y saborear las huachaferías que allí se escriben y seguir las travesuras de la niña mala. Travesuras que todos alguna vez hemos perseguido y seguiremos buscando.
LibrosApril 23, 2006 11:14 pm

Se me pasó que ayer el día del libro y si tengo que recomendar alguno ese sería Antes que anochezca, hace tiempo ya escribí algo sobre él.

LibrosApril 16, 2006 10:30 am

Amor de mis entrañas. viva muerte

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

 

El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.

 

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tiu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

 

Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

 

Federico García Lorca, publicado por primera vez en 1941 

LibrosApril 10, 2006 9:19 am

Encuentro por la red un artículo de Arturo Pérez-Reverte cargado de razón y sentimiento, tras leerlo no puedo hacer otra cosa que trasladarlo aquí y anirmar a que lo leáis. Hoy que por aquí el cielo está encapotado, el aire es fresco, húmedo y brumoso. Como en esa Venecia soñada del artículo en la que a muchos nos gustaría vivir, sin estridencias pero con normalidad, sin tener que dar explicaciones de nada a nadie, sin tener que esconder nuestras emociones y sentimientos. Algún día.

Amor Gay 

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

LibrosJuly 21, 2005 10:43 pm

Pocos libros tienen la capacidad de trasladar al lector los sentimientos más íntimos del autor como si uno mismo los viviese. Ni las novelas ni los ensayos (por lo abstracto e irreal) consiguen que nos identifiquemos sufriendo y gozando como lo consiguen las memorias, autobiografías o diarios. Y entre estos géneros tan similares entre si pocos consiguen desnudarse ante nosotros haciendo que sus almas se unan en un baile junto a las nuestras llevándonos de la mano por el camino que recorrieron en su vida. Solo dos libros han conseguido llegar de tal forma a mi corazón: El Diario de Anna Frank y Antes que anochezca, al que dedico este post.

Para mi es fundamental que una reseña sobre Antes que anochezca sea uno de los primeros posts de este blog, un libro que leí hace ya dos años pero que desde entonces ha estado presente en mis pensamientos. Un libro sobre un camino hacia la libertad. (more…)