Parece mentira que un barrio madrileño no sea lo suficientemente grande para dos hombres. No hay forma, si no me cruzo con él es con su ex o con alguno de sus amigos. Parece que no cabemos en Chueca.
Uno de sus amigos me odiaba y el ex me la tenía jurada. Con el primero siempre chocábamos y yo suponía una amenaza para su amistad, puedo entenderlo. Incomprensible es que el ex todavía a día de hoy se acerque a mí en las discotecas buscando algo parecido a una venganza. La verdad es que eso me trae sin cuidado, ¿qué culpa tengo yo de que rompieran la relación poco antes de conocerle? Más enfadado debería estar yo porque mientras estuvimos su insistencia casi demente era tal que a veces parecía una relación a tres.
Pero esa no es la cuestión. El verdadero problema es que Chueca se me ha quedado pequeña, no tengo forma de dar tres pasos sin econtrármelo a él o cualquier otro. Ayer noche tuve que volver a casa por eso mismo. Y si sólo fuer por él… Pero es que mientras tomaba una copa en un bareto descubrí con cierto nerviosismo que me había acostado con el DJ. La cosa ya empieza a mosquearme y tengo que plantearme algunas cosas.

