Toda la vida sabiéndolo pero nunca entendiéndolo. Desde la más tierna infancia me enseñaron a luchar, a sacar fuerzas ante la adversidad, a levantarme tras recibir los golpes de la vida. Sólo me enseñaron a luchar y en ese combate por la vida se esconde el prisma sobre el que analizo la realidad que me rodea. Y la forma en que interactuo con mis semejantes y respondo ante los demás.
Triste o feliz realidad, sobrevivo luchando al igual que lo hago al hablar. O al amar. No puedo remediarlo, es la clave de cuanto soy en la vida. No soy más ni menos, espíritu en movimiento que nunca da un paso atrás. Nunca rendirse, sólo seguir adelante y luchar. Testarudo y cabezón. Sólo me enseñaron a luchar.

