Los minutos y las horas se escapan y diluyen entre las muchas o pocas cosas que hacer. Un ritmo acelerado propicia que en un momento dado miremos hacia atrás para descubrir que las horas se han convertido en días, los días en semanas y las semanas en meses. Luego, continuamos de nuevo nuestro camino. Incansables, inalterables.
Una tarde, cuando iba de aquí para allá una mirada me cautivó. Unos ojos como nunca los había visto antes. Unos ojos de una expresión y color indescriptibles. Despiertos, ingenuos y voraces. De un verde azulado o un azul verdoso, ¡qué ojos! Se podía nadar en ellos. Aquel instante supo a Gloria, dio sentido al día –y a la noche- y por un segundo contemplé la Belleza. Nada más, pura y desnuda. La Belleza –así, en mayúsculas- existe. Yo doy fe de ello.
Menos mal que me enseñaron a nadar.


Es cierto, la belleza existe, cada vez que me miro al espejo lo confirmo
Un post precioso, un abrazo
Comment by MATRITENSIS — January 31, 2008 @ 8:06 am