Variedades, pensamientosJanuary 14, 2008 6:46 pm

Acaba de empezar un nuevo año que viene cargado de cambios. Normalmente al iniciar un año nos hacemos propósitos y nos proponemos nuevos retos, en mi caso este 2008 viene cargadito desde el principio. Ligeramente aburrido por la rutina y estancado al recorrer caminos que parecían terminar en los mismos lugares, la novedad llegó en forma de gran oportunidad. Una oportunidad no buscada pero bien recibida que supone dar un paso que es salto, salto al vacío con posibilidades salir fortalecido. Pero un salto sin red. Un reto emocionante que he decidido aceptar.

 

 


Cambios que voy a darle a mi vida y que se reflejarán en cambios en recorridos, horarios, gentes y ocupaciones. Y todo sin salir de Madrid, no se crean. Llevaba un tiempo enrocado, apalancado en el recuerdo con la sensación de no estar avanzando. Dentro de poco todo empezará a cambiar, a moverse de nuevo. De hecho ya se está moviendo.

Homosexualidad 11:45 am

Como avancé en posts anteriores asistí a las jornadas que se celebraron -con éxito arrollador- en la Casa de América. Lo que allí aconteció se encuentra relatado en el blog de Matias Jove, así que poco más añadiré yo.

 

No quería dejar pasar un hecho que es anecdótico pero se encuentra presente en toda actividad organizada por o para gays. No es por tanto una recriminación a la asociación Colegas que participó en la organización de las conferencias sino una reflexión general. Y es que no hay jornadas o fiestas de temática gay en las que no se repartan preservativos. Llama la atención porque lo que es prevención necesaria de enfermedades que nos acechan se encuentra presente en actos que no son de índole sexual. Entendería que se repartieran condones si las jornadas consistieran en orgías, pero no es el caso. Esto lleva a la confusión general y generalizada que es prejuicio hacia los homosexuales: la presencia de lo sexual en lo que se califica como “cultura gay” identificándola, además, con la promiscuidad, la falta de compromiso y la poca responsabilidad de aquellos que si no fuera porque se lo regalan terminarían follando a pelo.

 

Ya no solo por el prejuicio hacia el exterior que esto provoca, con la clásica identificación de loca-en-tanga-y-plumas (perfectamente respetable), sino por el refuerzo de la propia discriminación del homosexual que recibe un mensaje de cuales deben ser sus pautas de comportamiento. Un aborregamiento colectivista que no facilita la integración y el respeto sino el gueto, la confusión de uno mismo y la incomprensión de los otros. La puntilla de aquellos que se encuentran condenados a vivir de noche, de espaldas a la gente “normal” por la especificidad y naturaleza de su comportamiento. Se trata de un condena perpetua que consiste en dobles vidas, secretos, frustraciones que no conlleva nada bueno.

 

Es por esto que no me gusta que cuando asisto a unas jornadas homosexuales me repartan condones, que las asociaciones gays hagan lo mismo o que el Ministerio de Sanidad gaste nuestro dinero en campañas de prevención del VIH y otras enfermedades destinada a homosexuales. Esto no hace más que perpetuar la asociación que se hace a la homosexualidad como enfermedad y enfermedades que parecen inherentes a una orientación sexual. Y eso no es así: heterosexuales, homosexuales, bisexuales y lo que quieran tienen corren los mismos riesgos de contagiarse. Es más, el VIH está hoy más extendido en España entre heteros  que entre homos. Un poco de educación sexual cuando toca para evitar riesgos innecesarios y poco más.