Personal, total y grandiosa; pero invisible ante los ojos de los otros. En el camino del deber y el de la ética personal se cruza el eterno dilema, la fidelidad con uno mismo a sus principios y valores en situaciones difíciles o que no lo aconsejan. Pero me aferré a ellos y luché desde dentro hacia fuera para permanecer libre y en paz conmigo mismo. ¿El resultado? Una libertad pura e invencible que ha vencido a la moral. Siguiendo los dictados de mi conciencia no sólo he conseguido un bien privado sino que también creo haber alcanzado la virtud cívica.

Ésta es la revolución, la verdadera libertad, el camino de la felicidad.