Hoy vivimos en una nueva Roma y como aquella se desmorona por momentos. Pesimismo o realismo, según se mire. De la misma forma que los romanos no adoraban a un único Dios sino que invitaban a todos los pueblos conquistados a colocar a su dios en el Pantón a la misma altura y dignidad que los dioses que ya se encontraban allí, nuestra Civilización se basa en sociedades abiertas a la tolerancia de la diferencia. A Roma -el Impero, la Civilización de aquel entonces- no le fue mal hasta que topó con unos árabes que no se terminaban de civilizar y no consentían que su Dios fuese equiparado a cualquier otro. El Dios de los judíos era, es, único y no admite competencia, ni siquiera la de su propio Mesías al decidieron crucificar. Y con la muerte de Cristo algunos de los que habitaban la provincia se convirtieron al cristianismo y decidieron viajar por el mundo conocido para difundir esta nueva religión que también adoraría al mismo Dios que los judíos pero superando el ojo por ojo para poner la otra mejilla. Y fue poniendo la otra mejilla como los cristianos, fanáticos ellos, terminaron desde dentro con los principios de una civilización como la romana que había conquistado los confines del mundo conocido y civilizado a los bárbaros más crueles y excesivos.
La propia civilización albergaba en su interior la semilla de su destrucción, la tolerancia propia del relativismo cosmopolita no tiene defensas contra el fanatismo del que son capaces los hombres. La Historia ha demostrado que grandes ideas en pro del interés general (también las intrínsicamente malas) las que han conseguido movilizar a gentes dispersas y diferentes llevándolas hasta el fanatismo más insano y letal como también lo ha sido la idea de Dios. Los cristianos condenados a muerte cantaban alabanzas a Dios mientras los leones los devoraban y el propio hijo del Hombre pedía perdón para los asesinos que lo estaban crucificando. La Civilización sucumbió y de sus escombros nació una civilización nueva que hasta hoy es lo que se llama Occidente, y los cristianos de entonces son los musulmanes de hoy. Movidos por una fe inquebrantable que les llevará a triunfar sobre nuestro modo de vida. Porque en nuestra civilización se encuentra la semilla de otra cosa nueva y, como entonces, no serán los bárbaros extranjeros los que destruyan Occidente sino que es en las entrañas mismas de Occidente donde se cuece un caldo de cultivo que supondrá su propio fin. Porque el cristianismo no triunfó por ser bueno en sí mismo, sino por el fanatismo ciego de la fe y el amor a Dios. Y hoy, esa fe y ese amor solo lo demuestran los hijos de Alá.
Incluso parece que ya hay quien se ha percatado, tal vez sin saberlo.


Hay una diferencia, querido Antinoo y es que el fanatismo cristiano está basado en el AMOR, la libertad y el perdón y el fanatismo islamista está basado en el ODIO, la esclavitud y el rencor.
El fanatismo de la fe y el amor cristiano se basa en el trasgresor AMOR A LOS DEMAS Y el escrupuloso respeto a la libertad individual.El fanatismo de la fe y el amor islámico prescinde del AMOR AL SEMEJANTE, su razón de ser es la aniquilación física del INFIEL.
La semilla de nuestra propia destrucción no se encuentra tanto en el fanatismo de estos bárbaros del nuevo medioevo del siglo XXI y sus inquebrantables principios, sino en la traición relativista de nuestra propia civilización, como creo que apuntas en alguno de tus argumentos.
De todas formas, la idea fundamental de tu post ( que curiosamente a mí también me ha hecho pensar hace mucho tiempo) espero que no triunfe en el mundo, aunque todo apunte hacia ello.
Y ya que hacemos paralelismos se me ocurre pensar que si esto lo extrapolamos al fanatismo nacionalseparatista en España y su militancia ciega para conseguir la destrucción de España por medios bárbaros y terroríficos de la fuerza de las bombas y los cobardes asesinatos.España también podría ser el pequeño “ Imperio romano” decadente por su relativismo traidor frente al contundente y fanático comportamiento de los terroristas ( la semilla de la destrucción de España).
Para ello solo se me ocurre que lo único que nos puede salvar es que Europa despierte y no renuncie de sus ORÍGENES.Y que España sin llegar al fanatismo nacionalseparatista y sus repugnantes medios, sepa, sepamos defender con ahínco y sin complejos ni prejuicios nuestras RAICES.
Las ideas triunfan cuando se está convencido de sus principios y se está dispuesto a defenderlos sin necesidad de utilizar unos medios aniquiladores de muerte y destrucción.
No sé si se trata de un deseo, de un sueño quimérico o de un espejismo!
Comment by Adriano — August 29, 2007 @ 10:00 pm
Humm, humm… una entrada estupenda, me ha gustado y ha hecho que mi cerebro sufriera un par de sacudidas, fantástico. Estoy de acuerdo en el fondo, en la tragedia y en la fatalidad del relativismo, eso desde luego, pero la comparación que has establecido entre cristianos e islamistas es injusta y, lo digo con el máximo respeto, inexacta.
Soy cristiano, intelectualmente religioso, de modo que tiendo a introducir matices espirituales que me facilitan la comprensión de la historia y de todo lo demás. No resulta muy científico, pero de momento eso no lo necesito. Así que aquí estoy, pensando que dado que Cristo era/ es verdaderamente el Hijo de Dios y que Mahoma no fue más un impostor aficionado a la carne fresca, tiendo a dar la razón a esos pobres cristianos a quienes el amor y un sentido constructivo de la vida les costó el sacrificio. Así como nuestro Señor fue sacrificado en favor de la liberación de nuestros pecados. Los islamistas cortan las cabezas a los infieles para demostrar gratitud y obediencia a un dios satánico, mientras que los cristianos dan de comer, predican amablemente, ponen vendas donde previamente los musulmanes habían causado heridas. Los cristianos de este mundo se dispersan para esparcir la bondad y la palabra de Dios, funcionan como reverentes abejas que diseminan la gloria del Creador, respetuosamente, alimentando a los hambrientos, asumiendo el riesgo de perder la propia vida, el atributo más preciado que Dios nos proporcionó en aquel primer Momento…, mientras que los islamistas se limpian las barbas impregnadas de sangre. No veo fanatismo en estos cristianos, pues no buscan la muerte, como hacen los siervos de Alá, sino que la desafían por la gloria de Dios y el beneficio de los hombres. Hay un matiz fundamental, y en mi opinión ese matiz los vuelve a unos nobles, conscientes, astutos, libres, y a los otros los torna monstruosos, feroces, despiadados.
Yo comprendo que quienes no afirman la divinidad de Jesucristo pueden conjeturar que se trataba de un fanático, pero desde mi punto de vista, implicado, por supuesto, Él se limitó a cumplir el Plan Maestro, un maravilloso truco que Dios proyectó a lo largo de los tiempos y que tan beneficioso resultó tanto para nuestras almas, como para la salvación terrenal: aquí y después, ahora y en la hora de la muerte, teníamos la oportunidad de vivir constructivamente, libremente, sanamente.
Por otro lado, y aunque es cierto que los primeros cristianos decidieron predicar la Palabra del Salvador por todo el mundo, aunque fue un acto consciente y deliberado, es importante señalar que Jesucristo los animó a hacerlo; lo menciono porque esta pequeña inducción del Señor ha tenido consecuencias a lo largo de la historia, tiene consecuencias todavía hoy.
Permíteme terminar cuestionando que los cristianos de entonces sean los musulmanes de hoy; la instrucción de poner la otra mejilla fue una invitación a plantearse la vida de manera constructiva, a no devolver mal por mal si existe la posibilidad de resolver el conflicto. Los cristianos que cantaban alabanzas al Creador mientras eran devorados por los leones no se suicidaron, y ciertamente no mataron a nadie. Ellos fueron las víctimas, mientras que los suicidas modernos son los verdugos. Si confundimos eso, ¿qué nos queda? ¿El relativismo?
Comment by Doe — August 30, 2007 @ 12:51 am
No hagáis mucho caso, es algo escrito con desesperación, casi horror, ante una situación que no tengo del todo claro.
En cualquier caso me alegro de abofetear los cerebros y remover algunos cimientos. Y sin duda entiendo la diferencia entre el Dios ama tanto a su creación que le otorga la libertad incluso para matarle y el Dios que recompensa el odio, el crímen y la muerte de sus fieles. Lo que sí dudo es de que el Bien triunfará por el hecho de ser el Bien, actuar de acuerdo a un Bien último no es condición de éxito. Se puede practicar el mal y tener éxito, tanto como haciendo el bien.
Comment by Antinoo — August 30, 2007 @ 8:29 pm
Cuando leí el Corán, se me pusieron los pelos de punta. Lo recomiendo vivamente.
Comment by seleucus — September 7, 2007 @ 7:30 pm