recuerdos y vacaciones que terminan
Con mi cabeza en otra ciudad y mi corazón al otro lado del océano, he disfrutado de un verano atípico mientras empaquetaba mis recuerdos. Todo cuanto he sido y he ido almacenando durante estos años de vida ha pasado durante estos días por mis manos y aquello que ha sobrevivido a una gran criba ha quedado ya para la historia en un rincón inolvidable de mi pasado, y allí permanecerán hasta que algún día los rescate.
El tiempo y la distancia lo pueden todo: construir y destruir. Y este verano ha sido más destructor que constructor. Todo y todos cambiamos pero en ocasiones hay quienes permanecen allí donde los dejamos y al mirar atrás nos percatamos de la distancia que nos separa. Una distancia difícil de salvar pues a veces caminamos con equipaje excesivo, o simplemente equivocado. Pero cada uno elige su propio camino, y eso supone un éxito.
Yo, aquí y ahora, ya no puedo hacer otra cosa que terminar de empaquetar mi pasado, guardar los recuerdos y preparar de nuevo el equipaje. El camino es largo e impredecible pero hay que seguir adelante, siempre adelante.

