Individualista y celoso de mi libertad siempre he sido reticente y celoso de aquellos que se apresuran a etiquetarte y distribuir a las personas en grupos o colectivos. La tendencia de los propios homosexuales a veces parece trabajar en esta dirección creando guetos apartados que en lugar de mostrar la homosexualidad con naturalidad y perfectamente capaz de expresarse por canales comunes busca la exclusión y la diferenciación. Otras veces son los en-teoría-amigos-de-los-homosexuales los que jalean y aplauden esta identificación colectiva que en tiempos del III Reich marcaba la cruz de David y hoy quieren que la marque una bandera multicolor. Y de ahí al gueto, a la diferencia, a la exclusión y a las cuotas. Todo en lugar de actuar como si la homosexualidad no fuese nada más que una orientación sexual y no implica una sensibilidad, ideología, saber hacer o estilo propio.

 

Es por eso por lo que desde hace mucho al ver una película de temática gay o leer un libro que trata la homosexualidad saco las lentes más críticas y examino la película o libro con más rigor que si tratase de cualquier otro tema. No vaya a ser que caiga en lo que aborrezco, que simplemente por el hecho de ser algo sobre gays o hecho por gays me vaya a gustar. Cinematográficamente me he llevado agradables sorpresas como Brokeback Mountain y chascos como Yossi & Jagger (todavía busco explicación para las buenas críticas y tanto premio, me pareció una basura que cuenta una historia mal narrada peor interpretada, sin interés y cutremente rodada). El viernes descubría en el ABC que la Mostra de Venecia ha creado el León Queer para premiar a las películas gays…

Y en cuanto a los libros, que verdaderamente son una de mis pasiones, nunca he tenido un especial interés por libros que traten la homosexualidad pero si que cuento con algunos de ellos en mi biblioteca. Alguno realmente imprescindible como Antes que anocheza sobre el que ya escribí algo, el Retrato de Dorian Gray, las Horas etc. Últimamente he leído una biografía escrita con rigor y que, encima, entretiene al lector (lo uno no está reñido con lo otro, entiendo que entretener al lector es la obligación primera del escritor) sobre Manuel Azaña, personaje apasionante donde los haya, en la que se trata sin ambages su más que posible homosexualidad. Ahora estoy leyendo un libro robado y cuyos personajes principales tienen tanto que ver con este blog, Memorias de Adriano. Aunque quizás los personajes principales no sean Adriano y Antinoo sino la Historia, la razón y los sentimientos.

 

Y todo este post lo escribo a raíz de un libro prestado que trata sobre un viaje en tren que se convierte en un viaje al interior del corazón y los recuerdos; y los miedos. Uno de esos viajes interiores que todos hemos emprendido cuyo final nunca acertamos a ver. Cegados por quienes nos rodean, el que dirán, la sociedad, la tradición o nuestros propios miedos. Nuestros miedos suelen ser nuestros peores enemigos. Pensar que los creamos nosotros y lo fácil que resulta vencerlos. En la vida hay que ser intrépidos, arriesgar y no desaprovechar las oportunidades. Con todo, por desgracia, el Viaje de Marcos podría ser un libro mucho más arriesgado en la prosa y retorcer la gramática en lugar de limitarse a describir con corrección poco estilosa paisajes y sentimientos. Tampoco ayudó mucho a su lectura que mi cabecita imaginase el desenlace, ¿premonición o historia previsible? A los lectores veraniegos les animo a contestar a estas preguntas por sí mismos y descubrirlas. Y es que aunque sea cosa la literatura gay muchos de estos libros valen la pena.