Amanece en mitad de la nada, en un páramo que sería desierto a excepción de la mole que se erige a modo de antiguo coliseo coronado por una peineta de dimensiones exageradas. Un adorno a la española que le ha valido su apodo a un estadio hecho de cemento frío en obras inacabadas. Inacabadas hasta el 2016 o el 2020 si es necesario. Tras el desastre y la injusticia de 2012 Madrid parece destinada a ser la eterna candidata, el futuro que nunca llega.
El paisaje es casi desolador, angustioso por la lejanía. Aquí en estos días de sol no hay novedades ni cambios, algún día los habrá. La ciudad no para de crecer para acoger a los que vienen, venimos, buscando mayor libertad, oportunidades… Solo las grúas y las obras que se realizan con lentitud típicamente española aportan algo de movimiento. No hay prisa. A diferencia de otros lugares aquí uno tiene provocar el movimiento. Y si hay que hacerlo, se hace.
Si no fuera por el amanecer el paisaje sería poco estético. Pero cada mañana nace el sol y aparece tras la peineta, iluminando de forma espectacular un cielo azul como solo puede verse en plena meseta castellana. Lo feo se vuelve hermoso.
Y mirando hacia atrás, en el horizonte, pueden verse las nuevas torres que desafían el perfil de un Madrid castizo y bullicioso. Torres que en otras ciudades resultarían graciosas por pequeñas. En comparación, claro.
Pero cada día amanece y con él nuevas oportunidades, desafíos y aventuras. La vida sigue siendo igual de apasionante.
Amanece en mitad de la nada, en un páramo que sería desierto a excepción de la mole que se erige a modo de antiguo coliseo coronado por una peineta de dimensiones exageradas. Un adorno a la española que le ha valido su apodo a un estadio hecho de cemento frío en obras inacabadas. Inacabadas hasta el 2016 o el 2020 si es necesario. Tras el desastre y la injusticia de 2012 Madrid parece destinada a ser la eterna candidata, el futuro que nunca llega.
El paisaje es casi desolador, angustioso por la lejanía. Aquí en estos días de sol no hay novedades ni cambios, algún día los habrá. La ciudad no para de crecer para acoger a los que vienen, venimos, buscando mayor libertad, oportunidades… Solo las grúas y las obras que se realizan con lentitud típicamente española aportan algo de movimiento. No hay prisa. A diferencia de otros lugares aquí uno tiene provocar el movimiento. Y si hay que hacerlo, se hace.
Si no fuera por el amanecer el paisaje sería poco estético. Pero cada mañana nace el sol y aparece tras la peineta, iluminando de forma espectacular un cielo azul como solo puede verse en plena meseta castellana. Lo feo se vuelve hermoso y madrugar se hace menos doloroso.
Y mirando hacia atrás, en el horizonte, pueden verse las nuevas torres que desafían el perfil de un Madrid castizo y bullicioso. Torres que en otras ciudades resultarían graciosas por pequeñas. En comparación, claro.
Pero cada día amanece y con él nuevas oportunidades, desafíos y aventuras. La vida sigue siendo igual de apasionante.


Lo siento, querido Antinoo, pero lo cierto es que tus líricos relatos, cargados de sensibilidad provocan en mi la irremediable necesidad de emborronar una página de Word con la osadía de convertir tu post, no en una réplica competitiva ( eso nunca) sino en una humilde continuación del tuyo.Y, eso a pesar de que cuando era niño, sentía un terror espantoso al tenerme que enfrentar ante una cuartilla en blanco.
Hoy me he sentido un hombre renacido y reconciliado conmigo mismo al verme rodeado de los aromas de mi infancia del espliego, el romero, las buddleias y gardenias, recientemente florecidos con esa fidelidad que solo la naturaleza sabe respetar tan sabiamente.
Los últimos rayos del sol de una tarde triste por la memoria, 14 de Julio de 1997, acariciaban mi desnudo cuerpo haciéndome sentir el deseo de aferrarse a un leve instante de felicidad. Son esos momentos fugaces y de efímera existencia donde uno quisiera congelar el tiempo construido con la eternidad de los sueños.
Se escondían entre nubes anaranjadas(como las perlas de tu collar que tanto te gustan a pesar de lo baratos que le pareciesen a Luis) antes de atravesar por ultima vez el follaje de una vieja acacia. Se escondían jugueteando con sus caprichosas hojas milfoliadas, hacia donde mi vista se despedía en el ya próximo atardecer.
En un fondo azul brillante y cegador, el cielo aparecía como si fuese el primer día de la creación, miles de saetas fulgurantes clareaban la penumbra de un atardecer de inenarrable belleza melancólica y se iba silencioso como los grandes hombres libres, en el silencio reparador que algunos buscamos con pasión adolescente. Se iba recortando la silueta de mis bellos montes, en los que aun se apreciaba la maravillosa paletas de los mil matices del color de la esperanza. Se dormía el día y con el se apagaba la sinfonía de la naturaleza, tan solo se oía ya la paz de mi alma, acompañada por el sonido cristalino de un riachuelo cercano y cantarín.
La sombra de una dulce brisa me envolvió de repente acercándose a mi soledad, cubriéndome y abrazándome me dijo: no llores por que el sol se esconda y termine con él tu contemplación, ya que esas lágrimas impedirían que veas la otra luz, la de las estrellas que están a punto de cubrirnos con su lejana belleza, con su inalcanzable serenidad. Ellas son el anuncio y la esperanza de un nuevo amanecer lleno de complicidades y nuevas promesas.
Ese nuevo amanecer no remediará que la noche despiadada vuelva con su manto oscuro, pero al menos servirá para que en cualquier lugar del mundo, alguien construyere un camino en cuyo recorrido, siempre podré encontrar a alguien para disfrutar de su felicidad, pero aun más importante para que confíe en mí cuando las cosas se pongan mal.
Comment by Adriano — July 15, 2007 @ 6:01 pm