Era de noche cuando te vi. Después de un día agotador en la que la suerte parecía volver a caer de mi lado, la euforia me llevó a recorrer una vez más las calles de un Madrid que se resiste a dormir. Caminábamos cuando te vi y nuestras miradas se cruzaron en un instante fugaz en el que nuestro tiempo se detuvo mientras el mundo no dejaba de girar. Luego todo retornó a su orden y el ruido inundó de nuevo mis odios, y el tiempo volvió a correr para devolverme a la conversación interrumpida por aquel instante apasionante. Hay momentos breves que resultan inolvidables y únicos por su intensidad, y aquel fue uno de esos.
Como en otras ocasiones unas miradas interceptadas en un momento canalla de la noche no hubiesen ido más allá si no hubiese sido porque horas después, y lejos de aquel lugar, nos volvimos a encontrar. Llevado por la noche madrileña y el alcohol terminé en una discoteca donde una sonrisa iluminaba la figura de quien resaltaba entre el gentío. Y fue entonces cuando te vi por segunda vez, y en ese mismo instante prometí no dejar escapar de nuevo una oportunidad.
Son coincidencias, oportunidades que no se pueden dejar escapar. Conocerte está resultando una aventura apasionante, un nuevo tramo de este camino hacia la felicidad.


Hoy como el día que entré por primera vez en tu blog he vuelto a sentir el latido de un bello corazón en la melancólica distancia.
Dulce como el cálido atardecer rojizo de una tarde de otoño cuando se oye el latido de la tierra.
Fresco como la suave maresía que acaricia mi cara con su salitre y hace brillar mi mirada.
Fiel como el oleaje y la marea que cubre las arenas de mi soledad.
Incansable en hacer saber al viento que hay otras cosas que existen, a pesar de no verse.
Feliz y lleno de paz, frente a las pequeñas cosas de la vida y junto a sus seres queridos, peregrino infatigable en el camino de la felicidad.
Gracias porque nos sigues invitando a no caer en el desestimiento, a pesar que haya demasiadas piedras en el camino, simas profundas donde anida la soledad, oscuras y frías cavernas donde se aletarga nuestra tristeza, tempestades en las que nos sentimos desfallecer ante su impetuosa fuerza.La huella que vamos dejando en cada tramo del camino es el faro que nos ayuda a continuar.
Comment by Adriano — June 18, 2007 @ 2:26 pm
Adriano, ¿piedras? yo diría pedruscos, cardos, zanjas, arenales…
Mientras no nos quedemos cojos vamos bien
Comment by MATRITENSIS — June 19, 2007 @ 8:35 am
Piedras, pedruscos, zanjas o mala gente no podemos, no debemos, dejarnos amedrentar ni cesar en nuestro empeño último: la búsqueda de nuestra felicidad. Cada cual debe elegir su propio camino en libertad. Ese es el camino que vale la pena recorrer y por tener esa posibilidad lucharemos.
Un abrazo fuerte y sincero a todos en esta semana para sentirnos orgullosos, a ver si me animo y escribo algo con un poco de chicha.
Comment by Antinoo — June 25, 2007 @ 7:40 am
Piedras, pedruscos, zanjas o mala gente no podemos, no debemos, dejarnos amedrentar ni cesar en nuestro empeño último: la búsqueda de nuestra felicidad. Cada cual debe elegir su propio camino en libertad. Ese es el camino que vale la pena recorrer y por tener esa posibilidad lucharemos.
Un abrazo fuerte y sincero a todos en esta semana para sentirnos orgullosos, a ver si me animo y escribo algo con un poco de chicha.
Comment by Antinoo — June 25, 2007 @ 7:40 am