En un futuro no muy lejano espero decidirme a escribir sobre el día que conocí a Luis Margol. Hasta entonces tendréis que conformaros con esta breve anotación sobre lo que aconteció el pasado viernes en Madrid. Espero no pisar las crónicas margolianas de esta semana.
El lugar elegido no podría ser otro que el mismo barrio de Chueca, bajo una bandera del arco-iris, nos reunimos algunos de los libero-gays más activos (no busquéis dobles sentidos que en las intimidades de cada cual no quiero indagar) de la blogosfera para pasar una animadísima velada. Muchas anécdotas, muchas carcajadas y todo regado con un poco, o mucho (dependiendo del aguante de cada uno, de alcohol). Allí nos conocimos algunos y descubrimos que los libero-gays podemos ser multitud si salimos de nuestro armario particular.
Algo se mueve en Chueca, tenemos líder y su nombre es Luis Margol (algunas zerolas ya lo han selañado como apestado marica, fascista y homófobo, lo cual no es incompatible pero sí en la figura de Luís: liberal y marica hasta la médula, siempre combativo ante cualquier totalitarismo e injusticia).
El del pasado viernes fue el primero, pero no el último, de los encuentros margolianos.Y si hay alguna marica liberal más armarizada que quiera unirse a nosotros que no dude en dejar algún comentario o enviarme un emilio. Porque por muy maricones que seamos nunca llegaremos a ser Alí Baba y los 40 maricones. Si acaso Luis y los 40 margoles, ninguno ladrón y todos muy decentes.