Sin haber superado la experiencia sensorial de un sábado de cine inolvidable me lanzo frente el ordenador a escribir sobre la película que disfruté. Los tonos ocres y los efectos visuales siempre presentes hacían intuir que la película basada en la novela de Frank Millar podría ser una Troya más adornada con mal gusto estético, nada más alejado de la realidad. La experiencia visual es tal que recomiendo a cualquiera que no haya visto 300 que deje de leer estas líneas para irse al cine más cercano, o lejano, y sacarse unas entradas para la sesión que mejor le convenga.

Una película de una batalla mítica gracias a la cual Occidente es lo que es. Sin Grecia no seriamos nada y en él estrecho de las Termópilas, 300 hombres libres defendieron su libertad y leyes frente a las amenazas y chantajes pagando por ello el justo precio en sangre. Porque allí murieron valientemente deteniendo el tiempo suficiente al invasor persa que exigía su “tierra y agua”. Algún gobernante de la actualidad debería aprender del buen rey Leónidas que lucho a la sombra de las flechas persas sabiendo que el precio de tal resistencia sería su propia muerte y la de sus soldados. Muerte necesaria para salvar su libertad; la de sus mujeres, la de sus hijos y la de todo hombre libre.

Tampoco hay que descartar la experiencia de ver a 300 espartanos en paños menores y con su cuerpo perfectamente trabajado y definido. No puede haber mayor homoerotismo en la amalgama de esos cuerpos unidos en la resistencia y lubricados por el sudor y la sangre. La fantasía se dispara. Igualmente la película, imagino que el cómic también, coloca al emperador persa Jerje como una loca gigantona recubierta de oro sobre una carroza del Orgullo que ya quisiera para sí Zerolo. Su amaneramiento, feminización, depravación y maldad, que se acompañan de comentarios que resultan de lo más cómicos, se atribuyen a la decadencia y corrupción de su civilización. Frente al desarrollo y racionalidad de la Grecia clásica. Así que las zerolas ya tienen motivo de manifestación y el resto podemos ir al cine y ver una estupenda película donde aparecen hombres estupendos. Y muy hombres.

Una película con unos efectos visuales fascinantes, unos señores estupendos, unas maricas malas muy malas, mucha sangre y belicismo. La alegoría del valor y del honor, del sacrificio de la vida para defender la libertad y la necesidad de ir a la guerra cuando se hace necesario. Entiendo que eso escueza a muchos.