He estado reflexionando sobre la teoría de mi amiga según la cual todos los gays adoran con admiración a sus madres. No es la primera persona con esa teoría y podría añadirse a aquella de que los gays tienen buen gusto y entienden de moda. Basta con darse una vuelta por Chueca para desmentir este último punto, el buen gusto no entiende de cuotas. La realidad muchas veces se aleja de los tópicos y los lugares comunes no son más que ideas preconcebidas en un mundo ficticio que se encuentra muy alejado de la realidad. Y es que si bien es cierto que muchos adoran (o adoramos, aunque exista una relación de amor-odio que llega hasta el extremo de una dependencia insoportable) a sus madres he conocido a muchos homosexuales que prefieren ni hablar de sus madres y que para nada son un referente para ellos. No sé si se puede establecer una relación entre la sexualidad de uno y la relación que ha tenido o tiene con sus padres pero me temo que es independiente. Es más, creo que en general todo hombre tiende a amar en cierto modo a su madre, la matriz en la cual ha pasado los nueve meses más importantes de su vida siendo alimentado y viviendo por ella y a través de ella. Lo raro sería odiarla, digo yo.