Este verano, sin ser uno de los mejores de mi vida, me ha cambiado por completo. De alguna forma he crecido como persona a la vez que algunas gotas de irresponsabilidad se derramaban sobre mí. Han sido tantas las situaciones vividas, las experiencias y el tiempo que he destinado a reordenar mis ideas, mis prioridades. Mientras mi cuerpo se doraba desnudo ante un Sol mediterráneo majestuoso envuelto en un silencio litúrgico el tiempo se ha escurrido como la arena entre mis dedos. Lejanos quedan los tiempos de reflexión bajo el mismo Sol o en otras situaciones menos felices, pero igualmente necesarias. He crecido rejuveneciendo. Curioso.

Ha sido este tiempo época de cambios, encuentros y descubrimientos. Nuevas oportunidades, perspectivas y gentes que han entrado en mi vida. Es posible que seis años atrás hubiese negado al Yo que ahora escribe. Aunque igualmente creo que esto no es resultado de un cambio radical sino de la evolución lógica y avance en el mismo camino que una vez decidí empezar a recorrer, un camino destinado a la búsqueda continúa de mi libertad y la felicidad. No es extraño, por tanto, que su inicio se antoje tan lejano que mirando atrás el punto de salida no parezca el mismo del que empecé; del mismo modo que no parece la misma ciudad de partida cuando llevamos algunos kilómetros recorridos en la carretera y volvemos la vista atrás.

Y de repente, en las idas y venidas, en los descubrimientos y encuentros das con personas maravillosas, originales, únicas. Te abren puertas y te regalan sus confidencias. Cada una de esas personas viene a llenar vacíos en un corazón incapaz de albergar tanto amor y tanta bondad. Apabullante velocidad que atropella nuestra vida hasta el encuentro fortuito y el cruce de caminos inesperado. Demasiada benevolencia para alguien tan malo… Avergonzado por sentirme inmerecidamente halagado.

Mientras todo ocurría, uno, que permanecía en la inseguridad de la altura de una escalera pretendiendo alcanzar lo más alto del cielo, vislumbra el presente en la tierra. Y baja acelerado para, quizás, aprovechar la oportunidad regalada que transformaría el futuro en un continuo presente.