Retomando un camino que nunca abandoné vuelvo a dejar por escrito algunas letras. Mi ausencia en esta bitácora viene a confirmar cuanto suponía: escribir aquí era una forma de escape frente a muchas frustraciones que de algún modo alejan a uno de la felicidad y le echan en brazos de un profundo sentimiento trágico y melancólico. Este sentimiento se convierte en el motor de un torbellino de emociones a los que hay que dar salida en forma de pensamientos escritos, de esta forma la soledad del alma se reconforta y es capaz de obtener la fortaleza suficiente para continuar el camino.

Mi ausencia prolongada es el resultado de una situación de gracia cuyo principio ya no recuerdo y cuyo fin no se vislumbra en el horizonte. Todo puede trastocarse y no dudo en que cualquier día puedo abandonar lo más alto de la montaña para caer en otro valle de tristeza. Tampoco me preocupa pues es la forma de encarar y afrontar los problemas lo que determina el destino final, recuerdo los versos de Kipling que repiquetean en mi mente: “si tropiezas con el triunfo, si llega tu derrota; y a los dos impostores tratas de igual forma”. Por esto, y porque me apetece debo volver a escribir en esta abandonada bitácora.