Ayer pude ver condensada en su mirada la belleza que alberga el mundo entero. De color miel y grandes como soles podría haberme ahogado en su interior, cada mirada me dejaba sin respiración . No sólo era su vivo color y su tamaño, sus pestañas eran largas, infinitas, eternas.

Si una vez me enamoré de un olor o de una sonrisa o de una inteligencia, ayer me encandiló una mirada. ¡Qué ojos!