Mientras descanso y reflexiono sobre este último mes de locura y desenfreno encuentro un momento para saldar deudas y poner negro sobre blanco algo que debía.

No lo escribo tanto por haberlo prometido sino porque me apetece hacerlo, ¿y qué mejor momento que ahora? Ahora que durante un tiempo estaremos lejos, ahora que el futuro se encuentra abierto y todo, o nada, es posible.

Escribo a mi princesa que me ha abierto las puertas de su Fortaleza, un Castillo de sentimientos y emociones turbulentas que corretean por los pasillos y habitaciones sin descanso… sin descanso hasta podernos entender sin necesidad de pronunciar palabras. ¿Acaso hay algo más hermoso que conseguir la complicidad y empatía suficientes para que el silencio pueda comunicar mucho más que un torbellino de palabras?

Y tampoco me olvido de la “mamarracha”, escrito con todo el cariño. Pero la mamarracha no es mi príncipe, ése es otro, aunque su destino seguro que está ligado a la realeza. Y sino a organizar algo más grande. Pero no tan grande como el cariño que le venero. Sí, aunque a veces choquemos como trenes que circulan por la misma vía… Porque somos unos cabezones, pero nos queremos. Y te voy a echar de menos.

Pero estas despedidas tienen algo bueno: son temporales. Volveremos con fuerzas, ilusiones y experiencias nuevas para compartir y crecer. Habremos cambiado y no seremos exactamente tal y como somos ahora. De hecho durante este último mes he cambiado mucho, y me parece que no soy el único. Tampoco sé si será a mejor o a peor, pero será. Seguiremos siendo nosotros, en nuestra exquisita única forma de ser por muy diferentes que volvamos –no sólo lo digo por el moreno…-. Y es que ésta es una despedida que no lo es ni lo será. ¿Por qué? Porque por muy lejos que volemos siempre os llevaré conmigo. Y os llevaré en el lugar más seguro y protegido que tengo: mi corazón, el equipaje más importante y necesario con el que siempre viajo. Y es que las cosas más importante de la vida ni se pueden tocar ni tener.

Me hubiese gustado poder despedirme en condiciones. Gracias por darme la oportunidad de conoceros, os quiero. Hasta luego.