Hace poco me dijeron que era diferente, que de alguna forma me salgo de lo normal para entrar más allá de los difusos límites de lo que se considera raro. Yo preferiría llamarlo especial.
Parece ser que mi forma de entender la vida es diferente a la de la gente que me rodea, tan diferente que en muchos casos no es comprendida. De esa diferencia nace también una forma diferente de afrontar las situaciones que se le dan a uno a diario y las relaciones con los demás. Relaciones que por esas diferencias puede llegar a generar incomprensión y extrañeza.
Diferentes concepciones de la vida y vivencias que le llevan a uno a construir su mundo, sus ideas, la forma de relacionarse con los demás, su estilo de vida y su todo. Siempre he creído que esas diferencias se dan en mi porque soy un hombre desubicado. Me explico: alguien que por azar o por una serie de vivencias ha llegado a formarse una construcción mental fuera de su tiempo. A veces pienso que se trata de ideas ancladas en el pasado y otras que son ideas adelantadas al tiempo en que vivimos. Pedir comprensión y encontrar a terceros que piensen y vivan de forma parecida resulta una tarea algo más que imposible, pedir a alguien que siga mis pasos sería lo mismo que deshumanizarlo y pretender que se deshiciese de todo cuanto ha vivido y aprendido. Sería pedirle que dejase de ser él mismo.
No creo que todos debamos ser tan iguales y, además, es la diferencia lo que nos hace únicos y especiales. Merecedores de una atención diferente y una búsqueda de en el otro de lo desconocido e incomprensible. Cada hombre es un mundo y llegarlo a conocer puede resultar la aventura más maravillosa que podemos llegar a emprender. Porque si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que muchos se empecinan en el error de querer a las personas por lo que quieren que sean y no a quererlas por lo que son. Simple y sencillamente, amar por lo que es una persona y todo cuanto representa, con sus virtudes y defectos. Porque somos únicos, especiales.
La diferencia nos hace iguales. Puede sonar a contradicción pero nuestras diferencias nos igualan a quienes rodean haciendo que nuestra característica común no sea el color del pelo o el idioma que hablamos sino justamente el que somos completamente diferentes los unos de los otros.
Diferentes pero iguales. Uno de los secretos que encierra la vida.


Me siento totalmente identificado con lo que indicas. A veces uno siente si está viviendo exactamente en el mundo y tiempo que le pertenece realmente, si no ha llegado con retraso a algo, o se está adelantando a algo que probablemente venga.
Las diferencias, esenciales, y tratar de adaptar a la otra persona a nosotros, lo peor que se puede hacer, si alguien te gusta te gusta por lo que es, no por lo que te gustaría que fuera. Las personas no somos viviendas que puedan modificarse en su decoración según el gusto de la persona que entre en ellas.
Comment by El Escriba — June 16, 2006 @ 12:58 am