Hace unos días tenía yo una conversación sobre las coincidencias que se dan a lo largo de nuestra vida. Me decían que hay coincidencias que son casi predestinaciones, casualidades que no buscamos pero que nos hacen conocer a alguien o hacer algo que influirá en nuestra vida hasta cambiarla.

Esas coincidencias se dan pienso yo, por supuesto, pero no hay que darles tanta importancia pues son tantos los cambios de planes, tantas las veces que pasamos por una calle o salimos de una parada de metro sin que nos ocurra ninguna que realmente son intrascendentes. Las coincidencias existen, sí, pero somos nosotros los que las hacemos relevantes y les damos importancia.

                    

Hay coincidencias maravillosas y otras que son mentiras que sólo duran el tiempo que estamos dispuestos a engañarnos. No, no creo en el destino pues entonces no nos deja margen de libertad para elegir el camino que queremos seguir.

No creo en las coincidencias, las provoco.