aunque estas celebraciones no me gusten…
Tú que me engendraste y llevaste en tu interior, alimentándome y saciándome con lo que ingerías por mí. Viviste por y para mi durante nueve meses, era una carga pesada y agotadora. Pero entonces la ilusión y la esperanza podían con todo.
Luego llegaron otros sacrificios, diste mucho para que creciese bien educado y bien alimentado. Sacrificios que no habrá eternidad en la que pueda devolverte mas que el sincero agradecimiento.
Fuiste mi voluntad cuando todo a mi alrededor se desplomó, mis piernas y la fuerza sobre la que apoyarme para seguir adelante. No sería quien soy si no hubiese sido por tu ayuda y consejos en los momentos más difíciles.
No siempre comprendiste todos mis pasos, por protegerme despreciaste mi libertad para elegir mi propio camino. En nuestras luchas y forcejeos de personalidad nunca gana nadie pero tampoco perdemos; nos hacemos más fuertes juntos y al final permanecemos unidos.
Hoy a veces creo que soy una carga y que me consideras un error en muchos aspectos, sé que es difícil comprender y asimilar una realidad que parecía tan lejana. Debes comprender que te guardo un profundo respeto y admiración pero que no puedo ni debo renunciar a ser quien soy, eso no es lo que enseñaste. A pesar de las dificultades sé que algún día llegarás a comprender y a compartir mi felicidad.
Por eso y por tantas cosas quiero dedicarte estas palabras, darte las gracias y esperar tenerte a mi lado por siempre.
Tu hijo.

