Mirar hacia delante y nunca atrás, resurgir tras las caídas y retomar el camino con más fuerza y seguridad. Ese es el lema que me enseñaron.
A veces es difícil se coherente y sincero con uno mismo, los consejos son fáciles de dar, agradables de recibir pero casi imposibles de llevarlos a la práctica.
Hoy termina el viaje que me ha llevado durante un año a recorrer lugares que jamás pensaba visitar, a renunciar a uno mismo por otros, a cometer errores y equivocaciones. Y todo para llegar al mismo punto desde el que inicié mi viaje.
He vivido por y para; he soñado con los ojos abiertos y cerrados. Y aunque la carga que soportaba no me ha impedido explorar otros caminos si que me ha impedido abrazar algún atisbo de felicidad que sólo ha llegado a ser real en los sueños y esperanzas –el último hace unos pocos días- pero nunca en la realidad.
Hoy creo poder escribir que superada la prueba final y definitiva que me impuse, como ya hice en un caso similar, soy capaz de olvidar y seguir otros caminos. Espero que las palabras que escribo trasciendan a la retórica y se conviertan en el principio rector de mi conducta que no pasa por sus mejores momentos además de contar con el añadido malévolo de los efectos anestésicos y depresivos que debo soportar.
Espero como en otras ocasiones salir victorioso.

