Hacía tiempo que los sueños y pesadillas se habían apiadado de mi y me habían dejado descansar tranquilamente. Hasta ayer.

Ayer noche mientras dormía el recuerdo del pasado mezclado con mis anhelos más profundos volvieron a mezclarse entre la realidad y la imaginación para atormentar mi sueño. Mientras caminaba mi mente volaba a un mundo de consciencia en el que me encontraba caminando entre la multitud, una multitud alborotada pero a la vez silenciosa. Silenciosa por mi paso, alborotada entre sí por las diferentes conversaciones y miradas que dirigían. Nada especial ocurría mientras caminaba hacía un destino desconocido cuando los rostros empezaron a presentarse ante mi como cercanos y conocidos. Su rostro volvía a iluminar las caras de todos aquellos desconocidos, en cada facción reconocía algún detalle que me recordaba a él; desde su mirada intensa y juvenil pasando por su sonrisa agradecida o su nariz hasta el tono de su piel. A cada facción reconocida dirigía mi mirada y mis suspiros para desencantarme al comprobar que sólo algún detalle coincidía con el modelo original. 

 

A pesar de la decepción continua una y otra vez volvía a examinar con mi mirada aquellos rostros que podían resultar ser el suyo. Sabía que él no podía estar allí, que se encontraba lejos y que muy difícilmente algún día podría encontrarle entre aquellos rostros. Pero esa certeza no eliminaba mi ansia por encontrarle mi esperanza ciega.

Luego desperté y comprobé desilusionado que me encontraba sólo en mi amplio colchón sin su abrazo fuerte y su respiración profunda que tanto placer y tanta tranquilidad me dieron en el pasado. El sueño había terminado y tras él sólo quedaban mi llanto y mi desolación.