El amor según yo lo entiendo es lo que enciende la llama y nos mueve, directa o indirectamente todo cuanto hacemos lo hacemos por amor. Hay muchos tipos de amor, o quizá sólo existe el Amor y diferentes formas de participar de él.
Una de esas formas sería el amor familiar que es casi indestructible y al que le unen no sólo los lazos de quien ha dado y quien ha recibido viva –de los que comparten una misma sangre- sino de aquellos que tras muchos años y un día a día inagotable e interminable desarrollan un afecto y una dependencia que es inconsciente, pues por muy mal que nos podamos llegar a llevar mal con un familiar cercano al final todo se lo perdonamos y justo después de gritarnos unos a otros a cara de perro los besos y abrazos, favores y ayuda vuelan en ambas direcciones.
Pero después de esa forma que es casi sobrevenida y obligada vienen formas más puras de amor pues es en la libre elección del ser amado donde ese vínculo se vuelve más real y resistente por ser autónomo y libre del individuo. Entre la amistad y el amor a una persona (a esa persona) podría parecer que le separan muchas cosas pero llego a la conclusión de que no son tantas ni tan diferentes, es en el grado de amor donde si existe diferencia. No me cabe duda de que nuestras capacidades son limitadas y por ello el número de amigos también, ni podemos dedicar tanto tiempo ni recursos a tantas personas como a las que queremos, por la misma razón sólo podemos llegar a dedicarnos de forma completa y entera a una persona en especial. Más allá de esa elección racional se encuentra el fundamento del verdadero amor, que sin saber muy bien porqué y cómo llega hasta nosotros y nos enciende una mecha sin que nosotros hagamos nada. Hay veces que conocemos a gente que por alguna razón que se esconde a nuestra vista nos llega de forma especial y de alguna forma conquista nuestros sentidos, nos encandila y embelesa dejándonos con hambre de más. Son esas personas por las que estamos dispuestos a dar mucho, a renunciar a tantas cosas… Y es en ese deleite que provoca su simple compañía, su sonrisa, su mirada, su conversación, su humor, su inteligencia, su perfume o su simple presencia lo que nos provoca un movimiento y nos llama a seguir adelante día a día.

Creo haber tenido suerte pues a lo largo del camino de mi vida he encontrado varias personas como esas, que de alguna forma me han conquistado el corazón y me han permitido compartir de una forma u otra su vida. Esas personas a las que queremos por lo que son y no por lo que queremos que sean, esas personas a las que siempre estaremos dispuestos a perdonar, esas personas sin las que no podemos concebir el mundo – a veces pienso, ¿cómo podría vivir sin éste o aquel?- , esas personas con las que necesitamos hablar y compartir momentos… Porque sino algo nos falta, una parte de nosotros mismos son ellos, y es que es el Amor lo que nos mueve y lo que nos completa haciendo de nosotros verdaderos hombres, diferentes a cualquier otro animal.
Termino recordando a Unamuno que dejó escrito algo así como que nadie podía saber si un cangrejo se pasaría los días resolviendo raíces cuadradas en silencio mientras que no le cabía duda de que lo que no era capaz de sentir aquel animalillo era amor. Y es que quizá lo que nos diferencia a los humanos del resto de animales no sea nuestra racionalidad sino nuestros sentimientos, capaces de hacernos soñar con lo más alto para llegar hasta los mundos más increíbles e inverosímiles de la mano de un ser amado…

