No soy teólogo ni pretendo serlo, pero humildemente voy a escribir unas líneas sobre los fundamentos en los que se basa mi fe. Creo que la postura de la Iglesia Católica merece una pequeña reflexión (serena y sosegada sin descalificaciones y desde el respeto).
Como español mi educación, tradición, cultura religiosa y moral se basa en el cristianismo, en particular en su vertiente católica (que ha sido la tradicional y dominante en nuestro país). Ese hecho es accidental y yo bien podría haber nacido en cualquier otro país o haber sido educado en el seno de una familia con distinto credo.
La realidad es que fui bautizado según la tradición católica e hice la primera comunión con mucha ilusión (sin vestirme de marinero, por supuesto). No obstante cuando llegó el momento de la confirmación decidí aplazarlo debido a una serie de dudas y crisis de fe. Pocas personas habrán acudido en su infancia tanto a catequesis como yo pero llegado ese punto de inflexión, en el que como adulto capaz de razonar y tomar decisiones por mi mismo (no como en el bautismo o la primera comunión), debía examinar mi fe de forma concienzuda para dar el paso de la confirmación. Para ello no encontré mejor forma que acudir a la fuente, la Biblia, y de su lectura (de otros libros explicativos y de mi propia experiencia) di forma a mi fe abandonando esa fe heredada. Un momento parecido al que debe sentir un niño cuando comienza a andar sin la ayuda de sus padres; solo y paso a paso es él quien camina y decide adonde ir sin estar dirigido, ni por nada ni por nadie. De aquellas lecturas, de lo que me ha ido aconteciendo en la vida y mis sentimientos es de lo que se nutre mi fe.
La fe no puede razonarse. Es un hecho sentimental, emotivo, que no tiene explicación científica. No lo tiene igual que no lo tiene el amor, la fe es el amor a Dios. Algunos me dirán que el amor no es más que reacciones químicas que se producen en nuestro cerebro pero yo me resisto a ello y creo que los sentimientos son algo más que procesos bioquímicos. El beso robado al ser amado, la tranquilidad de estar a su lado, una lágrima derramada, el aliento de mis amigos, escuchar una canción determinada, el abrazo y el calor de mis padres… Todo eso es algo más, de la misma forma que la fe.
Todo esto solo me sirve para contestar a la pregunta que muchos me harán, ¿cómo es posible que exista un ser supremo eterno, infinito, etc.? No lo sé, ni puedo explicarlo y quien pretenda explicarlo científicamente creo que se equivoca. Pero así es como lo siento.
El Nuevo testamento supera y completa al antiguo, lo hace universal y modifica muchos de sus preceptos. Esa es la grandeza de Cristo pues el mensaje dirigido a un solo pueblo elegido (el judío) es trasladado a toda la humanidad, independientemente de su raza, sexo o edad… [No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (Galgatas 3,28)]. Los hombres hechos a imagen y semejanza de Dios son iguales ante Él y todos puedes ser salvos. Los ejemplos sobre los que escribo son muchos, como cuando habla de que la circuncisión judía y otras tradiciones no irrelevantes para conocer al padre. Las tradiciones dejan de ser la piedra sobre la que sostener la fe pasando a ser el Amor, el amor a Dios a través de Cristo y a todos los hombres.
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. (Juan 13:34-35)
¿En que medida difiere esto de las enseñanzas católicas? Mucho pues el catolicismo no solo se basa en la Biblia sino también en la tradición. Seguir tradiciones y rituales concretos no tiene por que ser negativo. Pero sí lo es cuando estos se convierten en casi-dogmas que en ocasiones chocan con la realidad y las escrituras.
Otro punto para no compartir del todo los principios de la Iglesia católica es su universalidad, o su pretensión. Pues la Iglesia es de Dios y no de los hombres aunque si formada por estos. Al ser una construcción humana es imperfecta y no puede ser dirigida de forma “infalible” por un hombre que tiene poder sobre los demás. Entiendo que la verdadera Iglesia católica tan solo podría llegar tras una segunda venida de Cristo, con su reinado.
Tradición y organización de la Iglesia me separan del catolicismo y me acercan a las iglesias protestantes. El espíritu de la reforma de una lectura de la Biblia sin necesidad de intermediarios (existen pastores, estudiosos que nos dan opiniones y reflexiones) y sin la obediencia a unos dogmas concretos impuestos desde arriba o por la tradición. Entre Dios y el hombre no puede haber intermediarios, no son otros hombres los que tienen capacidad de condenar o perdonar, tan solo Él puede. Porque esos otros hombres no han recibido más iluminación o porción de la verdad que cualquier otro, son imperfectos como todos. Si cabe error en cualquier hombre, como admite la propia Iglesia Católica, no pueden existir dogmas dictados por hombres.
Es en ese nuevo mandamiento que Cristo nos dio y en su vida la que nos ha de servir de ejemplo. Un ejemplo de vida y de muerte que nosotros podremos igualar (quizás los santos…). O al menos en este punto yo siento, y soy consciente, de mis limitaciones; de mis pecados continuos, el caer en la misma piedra y de no ser capaz de esquivar siempre lo que considero incorrecto para hacer el bien. Creo que esas limitaciones las tenemos todos pero en la medida de lo posible debemos intentar emularle y ser mejores personas en nuestro día a día. Mejorar no tanto de puertas hacia fuera sino en nuestro interior, aquello de “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si no puede salvar su alma?” (Lc 9, 24-25). No pensemos tanto en como debería ser el mundo o lo que deberían hacer los otros sino examinemos con crudeza y realidad cuales son nuestros fallos y en que podemos mejorar. El verdadero cambio, la revolución, empieza en uno mismo y si amamos más el mundo será un mundo mejor. Recuerdo siempre las palabras de Vicente Ferrer (no el santo, sino el vivo que debería serlo) cuando dice algo como “no te preocupes si no puedes hacer grandes cosas, dedícate a hacer pequeñas cosas).
Pero no me quedo aquí pues también pretendo escribir sobre la homosexualidad, y de paso de la libertad. El libre albedrío es el mayor don que nos ha dado Dios. Fruto de su amor hacia el hombre, le otorgó a este la libertad para elegir. La elección en la que cabe la equivocación, capacidad para tomar sus propias decisiones. Esa es la grandeza de ese Dios del que habla la Biblia pues no es un ser supremo lejano y que nos obliga sino todo lo contrario, él nos ama y por eso nos dejo libres para hacer lo que mejor nos pareciese, elegir nuestra forma de vivir e incluso la libertad para condenar a Jesús (Dios hecho hombre), torturarlo y crucificarlo. Es en la cruz donde el hombre es perdonado por Cristo. Pues nos ama a pesar de lo que seamos, o por muy mal que hagamos las cosas. ¡Incluso hacer sufrir y matar a nuestro propio Dios! ¿Pueden encontrar una religión que llegue a hacer eso? Es pues la libertad verdadera que no nos esclaviza recayendo en nuestras manos la decisión de devolverle el amor o no devolvérselo. Es Amor, amor puro. Dios es amor y en ese principio se basa mi fe.
Llegados a este punto y teniendo en cuenta que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, del más malo al más bueno. Dios en su infinita sabiduría no se equivoca jamás y es amor puro. Dios te quiere por lo que eres y no por el patrón de otros hombres que te dicen como debes ser. Incluyéndote a ti lector; Dios te quiere y está orgulloso de ti, independientemente de si eres homosexual o heterosexual. Yo soy homosexual y les puedo asegurar que no me he encontrado más cerca de Dios que cuando he amado a otro hombre. Quien sostenga lo contrario no predica a mi Dios.
No busco con esto una justificación de la atracción que siento por los hombres ni creo que exista o deba existir una religión a la carta como algunos denuncian. Se trata de mi fe. La Iglesia debe atender la salvación de las almas y no los asuntos terrenales; dedicarse a predicar sobre asuntos que se mantienen invariables a lo largo del tiempo.
Podría hablar de cómo los hombres de Dios encuentran una facilidad extraordinaria para mezclarse con las peores ideologías y las acciones más antihumanas y contrarias a la doctrina de Cristo que se pueden encontrar en la historia del hombre. No escribiré sobre ello porque no es el asunto de lo aquí escrito.
He escrito lo anterior desde el respeto y la comprensión. Espero no haber herido los sentimientos de algunos y sé que muchos no comprenderán como creer en algo que no puedo probar. Gloria Fuertes dijo que si Jesús no fue Dios merecería haberlo sido. Me considero un caminante de la vida, de ahí el nombre de este blog, pero manifiesto mi ignorancia de no saber si soy católico o, siquiera, cristiano. Creo más en comunidades interreligiosas independientemente del nombre que reciba su Dios, que realmente son ventanas diferentes desde las que se observa la misma realidad, o filosofías y proyectos que se llevan a cabo en lugares como Taizé.
Seguiré caminando y buscando, os invito a caminar a mi lado. No conozco el destino pero mi paso es firme y honesto.


Estuve leyendo tu flog, como soy catolico practicante me gustaria hablar un par de temas con vos, agregame si queres al msn o escribime, me gustaria hacerte un par de comentarios sobre algunos puntos de lo que has escrito.
In cordibus Jesu et Mariae
Comment by gabriel pizzi — June 4, 2007 @ 5:16 pm