Pocos libros tienen la capacidad de trasladar al lector los sentimientos más íntimos del autor como si uno mismo los viviese. Ni las novelas ni los ensayos (por lo abstracto e irreal) consiguen que nos identifiquemos sufriendo y gozando como lo consiguen las memorias, autobiografías o diarios. Y entre estos géneros tan similares entre si pocos consiguen desnudarse ante nosotros haciendo que sus almas se unan en un baile junto a las nuestras llevándonos de la mano por el camino que recorrieron en su vida. Solo dos libros han conseguido llegar de tal forma a mi corazón: El Diario de Anna Frank y Antes que anochezca, al que dedico este post.

Para mi es fundamental que una reseña sobre Antes que anochezca sea uno de los primeros posts de este blog, un libro que leí hace ya dos años pero que desde entonces ha estado presente en mis pensamientos. Un libro sobre un camino hacia la libertad.

Desde el prólogo que el mismo Reinaldo Arenas titula como Introducción al fin donde explica las razones y motivaciones de este libro autobiográfico que escribe con la misma vitalidad y fuerza con que vivió antes de que la terrible y asesina epidemia del SIDA termine con su día. Un libro escrito antes que anochezcan los días del autor pero que durante su lectura, y a pesar de la persecución, pobreza, desesperación y opresión bajo la que vivió, consiga trasladar al lector los momentos más felices, apasionados y caudalosos de su vida.
No quiero desvelar los entresijos de un libro magníficamente escrito sobre una vida apasionante pues lo recomiendo tanto que me parece esencial en el haber de los libros leídos por cualquiera. Pero no por ello quiero dejar de reproducir literalmente la carta que figura al final del mismo y resume mucho mejor de lo que yo podría hacer su esencia. Una carta que dejó para ser publicada tras su muerte:

Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.
Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.
Cuba será libre. Yo ya lo soy.
Firmado,
Reinaldo Arenas